Estaba el sábado pasado leyendo el libro de los Hechos y me impactó mucho una parte concreta, que en un principio (como las mejores partes de la Biblia, desde mi punto de vista) parece que no es nada del otro mundo y de repente el Señor te muestra cuán importante es. Se trata de Hechos 26:26.

"Y el rey Agripa sabe de estas cosas. Yo hablo con atrevimiento porque estoy seguro de que todos estos acontecimientos le son familiares, ¡pues no se hicieron en un rincón!".

En este pasaje Pablo se está defendiendo ante el rey Agripa por las acusaciones de los líderes judíos de Jerusalén. Le cuenta el encuentro que tuvo con Jesús y la tarea que se le encomendó y cómo desde ese momento estuvo predicando en Damasco, en Jerusalén y por toda Judea, incluidos a los gentiles. 

Concluye con el versículo que hemos visto arriba, declarando que sabe que el rey Agripa no ignora, como dicen otras traducciones de la Biblia, todos estos hechos, puesto que "no se han hecho en un rincón". Es decir, todo fue hecho a la vista de muchos. 

Lo que realmente me impactó fue pensar: lo que estamos haciendo para el reino de Dios, como respuesta a nuestro llamado, ¿se ve de puertas para afuera? ¿O todo queda entre los muros de la iglesia?¿Salimos a hacer la obra de Dios en las calles?¿Predicamos el evangelio en público?¿Damos testimonio de lo que Dios hace en nuestra vida?

Si no lo hacemos, estamos limitando el poder de Dios, estamos permitiendo que la gente ignore lo que Dios hace en la vida de las personas, mientras que si, como Pablo, dejamos de hacer las cosas en un rincón, el Señor será conocido y su obra y reino expandido hasta los confines de la tierra. 

¡Salgamos a la calle!

Y el Señor ese mismo día me mostró lo importante que es esto. Por la tarde de ese mismo sábado, hubo un evento en plena Calle Mayor de Gandía a hora punta, donde después de un tiempo precioso de alabanza, el Pastor Miguel Díaz, fundador de la ONG Remar, presente en 70 países del mundo, predicó y trajo el reino de Dios a la tierra con testimonios sorprendentes y muestras del poder del Señor allí mismo, impactando a todo aquel que paseaba por la calle. 

El Señor cada día nos da ocasiones de hablar de Él, de testificar lo que hace en nuestras vidas. Abre los ojos para ver estas preciosas oportunidades y cumple con la tarea que Jesús nos encomendó.